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AZORES

LAS ISLAS ENCANTADAS

Es bien conocida la frase lapidaria del escritor Vitorino Nemésio sobre las islas Azores, que decía que su Geografía valía «por lo menos tanto como su Historia». Quienes conozcan las Azores, tienen que darle la razón al autor de «Mal Tiempo en el Canal». La geomorfología, el poblamiento y las actividades económicas siempre han desempeñado un papel crucial en estos nuevos pequeños, pero hermosos, universos. Es un archipiélago con una larga experiencia en terremotos, erupciones volcánicas y tormentas arrasadoras. Quizás por ello sus gentes tengan una profunda religiosidad, representada, por ejemplo, en los afamados Imperios del Espíritu Santo. Las islas conservan un fondo dominante de ruralidad, atávica, intensa, que trasparece en múltiples aspectos de la organización del territorio. Las ciudades, villas y demás poblados reflejan, desde las primeras fijaciones cuatrocentistas, un sentido propio, característico del archipiélago, que no se confunde jamás con ninguna otra manifestación urbana, rural y arquitectónica filiada en la cultura portuguesa.

 

Las Azores se pueden integrar, desde varios puntos de vista – geológicos, botánicos e histórico-geográficos – en los archipiélagos del Atlántico Norte, que incluyen a Madeira, Canarias, Cabo Verde y, en el extremo sur, a Santo Tomé y Príncipe y las demás islas del golfo de Guinea. A este conjunto, que en el campo científico se designa Macaronesia, están asociados aspectos comunes, unos naturales, como el vulcanismo, el recorte costero y la flora, otros creados por la presencia del Hombre, en los que la ocupación medio milenaria portuguesa desempeñó un papel primordial y determinante (aunque haya ocurrido de una forma minoritaria en Canarias).

 

Impresionantes en su diversidad y belleza natural, las nueve islas del archipiélago de las Azores dejan en quienes las visitan una indefinible sensación de misterio. Cada isla cuenta una historia en la que los héroes son mareantes, artesanos, campesinos y soldados, pero en la que también entran piratas, emigrantes, productores de ganado, de caña de azúcar y de naranja, religiosos y poetas.

 

San Miguel es la reina de las islas, la mayor, la más poblada y la que ostenta un  mayor abanico de paisajes. La isla Terceira destaca por muchos aspectos, pero el más importante es ese tesoro del urbanismo portugués que es Angra do Heroísmo. Santa María es como si fuera un trozo de Alentejo caído en el medio del Atlántico. La isla de Pico es el paraíso de los pescadores y de los caminantes. Faial es un jardín flotante, con una ciudad llena de marcas de los tiempos de la navegación a vela. San Jorge es la isla de los enamorados, con paisajes que cortan la respiración y las fajãs, a la flor del agua, que invitan a la contemplación y el paseo. Graciosa es todo lo que sugiere su nombre y más. Tal y como Flores, que es un verdadero paraíso de color y aromas. Por fin queda Corvo, la más pequeña y desolada de estas nueve islas, pero cuyo poblamiento se obstina en persistir.

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