Crucero a las Berlengas

En barco y a pie, para descubrir este paraíso natural clasificado como Reserva Natural en 1.981, como reserva biogenética por el Consejo de Europa - Red Natura 2.000 y candidato a Reserva de la Biosfera de la Unesco.

El viaje hasta la isla Berlenga tarda unos 40 minutos. Si no desea comer en el restaurante local, llévese merienda, pero tampoco olvide la cámara de fotos ni los prismáticos. Si se marea en el mar, prepárese en tierra, aunque el viaje de regreso suele ser menos agitado que el de ida, por la dirección de los vientos dominantes y las olas. Correspondiendo a una formación granítica muy antigua, forman parte de este archipiélago tres grupos de islotes: Berlenga Grande y arrecifes adyacentes, Estelas y Farilhões. Berlenga Grande es una roca de granito róseo que tiene la forma de un ocho recortado por numerosos entrantes y salientes, bañada por aguas límpidas y transparentes. El mar está habitado por varias especies de peces, moluscos y crustáceos, así como por innumerables especies de algas. La fortaleza de S. Juan Bautista, mandada erigir por D. Juan IV fue palco de numerosos combates, el más célebre de los cuales tuvo lugar el 28 de julio de 1.666. En esta ocasión, el fuerte, con veinte y ocho soldados y un cabo, António Avelar Pessoa, fue atacado por una escuadra castellana (por eso el barco que hace la conexión con Peniche lleva su nombre). El clima, de influencias atlánticas y mediterráneas, proporciona características en la fauna y la flora que hacen de este archipiélago un ecosistema único en el mundo. En tierra, sólo hay dos mamíferos: el conejo – introducido voluntariamente - y la rata negra, que viajó clandestinamente en los barcos. No hay libre acceso a toda la isla, pues está dividida en reserva integral, reserva parcial y zona de recreo, pero existen senderos que permiten vislumbrar la belleza de las islas Berlengas y lo más importante de las mismas. Están debidamente señalados y la duración de los paseos es variable: entre hora y media a tres horas. En la pequeña playa de Carreiro do Mosteiro, en donde se puede disfrutar del sol y de las aguas de tonos verdes transparentes, tómese un merecido descanso de las emociones del viaje en barco o de los paseos a pie. Una de las atracciones de la isla, a no perder, son los paseos en barco por sus innumerables cuevas, que duran una hora. Salen y llegan al muelle de Berlenga, el mismo en donde atraca el barco que hace la conexión con Peniche. Estos paseos en barcos pequeños permiten, por ejemplo, admirar rocas con formas de animales, como la roca de la ballena, que está justo al lado de la fortaleza de San Juan Bautista y que, vista de lado, parece un cachalote, aunque si se observa más desde el sur, cambia de aspecto y evoca la trompa de un elefante. Por debajo de la fortaleza se halla la chamada Gruta Azul. El nombre tiene que ver con los caprichos de la óptica, resultantes del ángulo de incidencia de los rayos solares y de su respectivo reflejo en el fondo de la cueva. Pruebe a meter la mano en el agua, verá cómo se queda azul. Más adelante está Furado Grande, que es la gruta más impresionante de Berlenga, con un túnel natural de 70 metros que permite cruzar toda la isla por debajo, de un lado a otro. También hay ensenadas, como las de Cova do Sonho y de Furado Pequeno, a las cuales sólo se accede a pie o en kayak que se puede alquilar en Caramusteiro. Si alquila uno, visite también la gruta de Flandes, cuyas características permiten entrar por un lado y salir por el otro. Si lo hace, descubrirá una cueva extraordinaria, digna de una película como «Los Piratas del Caribe», en donde hace 300 años marineros, soldados y piratas buscaron abrigo. Si su propósito es explorar el fondo del mar, podrá hacer buceo, pero teniendo en cuenta que la caza submarina está prohibida.

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