De Estremoz a Reguengos

Un itinerario que empieza recorriendo la región de los mármoles y de los viñedos, pasando después por las defensas de la frontera y acabando a la vista del gran lago artificial de Alqueva.

Como este paseo empieza en Estremoz, no se vaya de la ciudad sin visitar las murallas y la Torre del Homenaje. No olvide, tampoco, visitar el Centro de Ciencia Viva, dedicado casi exclusivamente a los secretos de la geología y que ha promocionado la instalación en la ciudad y en los alrededores de un modelo a escala del sistema solar, lo cual ha hecho que las representaciones de los planetas más remotos se sitúen ya en aldeas fuera de la sede del municipio. Un café acompañado con uno de los dulces locales – los gadanhas – en el Café Águias d’Ouro, en el Rossio de Estremoz, podrá ser el aperitivo ideal para el viaje. No deje, tampoco, de tener una perspectiva de las murallas de la ciudad, vasta cerca abaluartada que la protegía de los ataques enemigos. Salga de la ciudad en dirección a Borba, para que pueda ir apreciando los enormes "cráteres" abiertos para explotar el mármol, algunos de ellos dignos de un escenario de Hollywood. Si Borba es la capital del mármol y del vino, como se constata a camino de la villa, la vecina Vila Viçosa tiene, por otro lado, características muy diferentes. Aquí, la monumentalidad es evidente, pues fue sede del poderoso ducado de Braganza que acabó dando origen a la cuarta y última dinastía de los reyes de Portugal. El monumento más destacado es el Pazo Ducal, geométrico, con sus decenas de ventanas abiertas en el frontispicio de mármol. Su castillo también merece una visita, aunque solo sea por los museos que ha instalado en él la Fundación de la Casa de Braganza. Armas de caza y carruajes sobresalen, incluyendo el landó a borde del cual el rey D. Carlos y el príncipe heredero D. Luís Felipe, fueron asesinados en el Terreiro do Paço (Lisboa) en febrero de 1.908. Vila Viçosa es una población acogedora por la que apetece pasear andando, mientras se admira lo mucho que hay para ver.

 

Prosiga hacia el sur, a camino de Alandroal, por una carretera bastante tortuosa: o sube o baja, o describe sucesivas curvas, lo cual demuestra que este Alentejo no es precisamente plano. El castillo de Alandroal se avista desde muy lejos, sobresaliendo en la silueta del pueblo. Desde las murallas se obtiene una vista amplia. Si ya es hora de comer, aquí dispone de varias opciones interesantes. También puede hacer la variante más larga del paseo, cortando hacia el noreste, al encuentro del Guadiana y de la fortaleza de Juromenha, que vigilaba estas orillas. Allí empieza el gran embalse de Alqueva, como se puede ver subiendo a las murallas. Más al sur, surgen nuevo pueblo y nuevo castillo: Terena. Es un lugar tranquilo, en lo alto del monte, con calles estrechas ladeadas de casitas tradicionales impecablemente jalbegadas. También aquí se justifica la subida a las murallas para disfrutar de la vista y comprobar que Terena queda, ahora, entre dos aguas: los embalses de Lucefecit y de Alqueva. Otro punto a no perderse es la ermita de la Virgen de la Buena Nueva, ejemplo raro de iglesia-rural-fortaleza, con almenas y múltiples tejados. Ahora, para seguir rumbo a Monsaraz, puede salir de la EN255, atajando por la red secundaria, pasando por Cabeça de Cerneiro, Seixo y Motrinos. Es un paisaje interesante que va ofreciendo perspectivas cada vez más cercanas de la ciudadela de Monsaraz.

 

 

 

Antes de subir hasta lo alto, puede darse un paseo por el pueblo de Telheiro y ver tanto el menhir como las orillas del embalse de Alqueva, ya muy cercanas. Hay diversos caminos, algunos de los cuales están todavía asfaltados y que llevaban, por ejemplo, a la zona donde quedo sumergido el antiguo Moinho do Gato, uno de los más bonitos molinos de sumersión del Guadiana, con un extenso azud, y el molino propiamente dicho de pizarra, preparado para resistir a las riadas, puesto que puede quedar sumergido sin daños mayores, durante varios días. Finalmente, puede subir a la villa vieja de Monsaraz. El gigantesco espejo de agua que se extiende a nuestros pies, muestra hasta qué punto se ha modificado el paisaje aquí. Monsaraz, ciudadela medieval todavía habitada, tiene mucho más que ver, por ello se recomienda aparcar el coche en uno de los aparcamientos extra muros y dedicar una buena parte del día a pasear por ella. Si lo desea, puede cruzar el viaducto y acercarse a la otra orilla del embalse y visitar el pueblo de Mourão y su castillo, así como las dos aldeas de la Luz: la que se halla prácticamente sumergida y la otra que fue edificada a algunos kilómetros de distancia, para sustituir a la primera. Finalmente, ha llegado el momento de avanzar hacia la parte final del paseo, cumpliendo el tramo hasta la sede del municipio, Reguengos de Monsaraz. Por el camino pasará, obligatoriamente, por San Pedro do Corval, importante centro de artesanía, principalmente por la famosa loza pintada con motivos coloridos.

 

Acceso: por la A6 o por la EN4, hasta Estremoz.

 

A tener en cuenta: puede añadir a este paseo la visita a la fortaleza de Juromenha y, para ello, deberá coger la EN373, desde Alandroal hasta aquella localidad.

 

Cuando: en primavera o en otoño.

 

Extensión: cerca de 100 km.

 

Comidas: Adega do Isaías (T. 268322318), en Estremoz, Restaurante do Zé do Alto (T. 268449574) y A Maria (T. 268431143), en Alandroal.

 

Otros puntos de visita: puente de Ajuda, plaza-fuerte de Elvas.

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