De Sete Cidades a Ponta da Ferraria (San Miguel)

Un paseo por la punta occidental de la isla de San Miguel, empezando por la más conocida de las lagunas de origen volcánico del archipiélago: la Caldera de Sete Cidades.

La visita a la laguna de las Sete Cidades representa la ruta principal de inicio por la mayor isla azoreña y, en cierto modo, por el paisaje de estas islas Hay varias formas de llegar a Sete Cidades, teniendo siempre el cuidado de – dentro de lo posible – asegurarse de que el tiempo previsto para este lugar esté claro, porque sin ello la vista desde el mirador a la vasta caldera será imposible y el viaje se hará casi inútil. Saliendo de Ponta Delgada, se puede acceder por diferentes carreteras: por Relva, pasando por el Pico do Carvão; por la carretera costera, llamada "de las feligresías", desviándose a la derecha poco antes de Feteiras; y como opción más directa, desde Várzea, que sigue casi a derecho hasta lo alto de la caldera. Alcanzada ésta, el mirador local, situado al borde de la montaña, ofrece una visión panorámica de todo el conjunto: un vasto y casi circular cráter con 12 metros de perímetro, en cuyo fondo hay dos lagunas que parecen adosadas, la Lagoa Verde y la Lagoa Azul – estas son las lagunas de Sete Cidades, base de tantas historias mitológicas sobre la antigua Atlántida, continente primordial, supuestamente hundido y desaparecido en el océano, cuyo vestigio serían las Azores…

 

 

 

Bajando al interior de la caldera, se puede visitar el tranquilo pueblo, emplazado en el llano central, con las casas típicas con flancos de esquina, una o dos casas solariegas y la iglesia románica. Las escarpadas laderas que circundan todo el espacio le infunden un aspecto de calma, de casi inmovilidad, la sensación de aislamiento del mundo, que afecta al visitante. Regresando al exterior, y bajando la ladera hacia el litoral a poniente, se alcanza Ponta do Escalvado, un mirador natural con amplias vistas tanto al norte (con los islotes de Mosteiros, junto al pueblo del mismo nombre, emplazado en una curiosa “fajã” micaelense), como al sur (con el faro de Ponta da Ferraria), en el extremo occidental de San Miguel. Bajando de Várzea hacia la costa, se llega a dicha punta, donde se edificó hace más de un siglo, uno de los primeros, o quizá el primero, y monumental faro de las Azores. De estilo ochocentista (inaugurado en 1.901), se abre en posición simétrica y casi elegante, a poniente y al mar desconocido.

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