Sugerencias en la región 7 Regiones BAIXO ALENTEJO
Grupo de Cante Alentejano
Vista desde el Castillo de Serpa
Mina de S. Domingos
Molinos del río Guadiana
Llanura Alentejana
Paisaje florido
Castillo de Beja
Vista desde el Castillo de Mértola
Plaza de la República

BAIXO ALENTEJO

Campos de cereales y viñedos con el Guadiana como telón de fondo

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Sierra y llanura, tierra y mar, villas y pueblos, río y azudes constituyen el vasto patrimonio natural del Baixo Alentejo, una amplia penillanura, irrigada aquí y allá  por tenues cursos de agua, de vez en cuando puntuada por cerros u oteros, en donde se han erigido castillos y fortalezas, y en donde se planta el olivo, la encina y el alcornoque. En esta llanura dorada por los campos de cereales ondulantes se busca, en el pico del calor, la sombra del chaparro, el frescor de los lagos como el de Alvito, o el azul del río Guadiana.

 

Es una región poco poblada, pero las ciudades que aquí existen están llenas de Historia, de patrimonio y de tradición. Es el caso de la capital de provincia, Beja, la antigua Pax Júlia de los romanos, con mucho que ver, desde el castillo con su altísima torre del homenaje, hasta iglesias manuelinas y acogedoras plazas. Igualmente digna de nota es la villa de Mértola, a la orilla del Guadiana, verdadera capital portuguesa de la arqueología, en donde se entrelazan y completan vestigios romanos, paleocristianos y moros. Al lado de Mértola, hacia el norte, destaca el imponente salto de agua de Pulo do Lobo en el Guadiana y el tesoro de la arqueología industrial que es la mina de S. Domingos, todo ello englobado en el Parque Natural del Guadiana. Y tampoco podemos olvidar Ourique, Ferreira do Alentejo, Cuba y Almodôvar.

 

Moura es otra ciudad muy marcada por la herencia islámica y en donde el Museo del Aceite es un referente. En Barrancos, junto a la raya, hay que echar un vistazo al arte de hacer sillas de mimbre, probar el jamón y visitar el castillo de Noudar. En Serpa, también con un interesante patrimonio, sobresale un museo único en la Península Ibérica, el del Reloj. Influencias moras y andaluzas han tallado tradiciones cuyo origen se pierde en el amplio horizonte.

 

De los parcos recursos procedentes de la tierra los alentejanos hicieron maravillas, y sacando partido de las hierbas y de su imaginación crearon intensos sabores que transformaron su gastronomía en una de las más ricas del país. Al cazón, el cordero, el cerdo y las aves de caza, sumaron las verdolagas, los poleos, el perejil, la hierbabuena, los oréganos y las salsas de cilantros, sin olvidar los espárragos y los champiñones de la ladera de la sierra de Caldeirão. De ello resultaron desde las masmarras (papas calientes de pan y ajo), hasta las sopas de “buen sustento” como el gazpacho (que en Serpa se denomina vinagrada), pasando por excelentes embutidos como los de Vila Nova de S. Bento y los de Vila Verde de Ficalho, fabricados con carnes de cerdo negro. En materia de dulces, predominan los conventuales, pero el abanico de especialidades gastronómicas no estaría completo sin una referencia especial al queso de Serpa y al aceite de Moura, ambos certificados. Y tampoco hay que olvidar los viñedos y las bodegas de la región, en donde, desde Pias hasta Vidigueira y Granja, se producen de los mejores vinos de Portugal.

 

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