Desde Marinha Grande hasta Batalha

En el corazón del pinar mandado plantar por D. Dinís, visitamos la ciudad del vidrio, las playas limítrofes y el inicio de la Segunda Dinastía, cuyo exponente máximo es el monasterio de Batalha.

Empiece el paseo en Marinha Grande. La llamada “ciudad del vidrio”, situada en el corazón del pinar, debe a este valioso recurso forestal el desarrollo de aquella industria. La actividad empezó en 1.748, con el traslado aquí de una pequeña fábrica que existía en Coina, dirigida por John Beare, que vino a buscar en el pinar de Leiria un combustible más económico. Sin embargo, fue el inglés William Stephens quien, en 1.769, dio un gran impulso a esta industria, al adquirir la pequeña fábrica existente y aumentarla, dotándola de los mejores métodos de aquel tiempo para la práctica y enseñanza del arte vidriero. Con el apoyo del Marqués de Pombal, fue posible completar la obra y contratar cuatro maestros vidrieros ingleses y cinco obreros genoveses. Fruto de esta pequeña revolución industrial, las grandes atracciones de la ciudad hoy día son las fábricas de vidrio, como la Fábrica Escuela de los Hermanos Stephens, además de edificaciones pombalinas, el Museo del Vidrio de la Fábrica Santos Barosa y la Mata Nacional. Tras un viaje por entre pinares, se llega a la bellísima playa de São Pedro de Moel, en donde se puede visitar la casa-museo de Afonso Lopes Vieira y el Penedo da Saudade, en Sítio do Farol. Si lo desea, podrá recorrerse el acantilado hacia el norte, hasta la playa de Vieira de Leiria, tierra de pescadores del arte de la jábega, con sus típicas casas de madera en el arenal y barcos tradicionales casi desaparecidos en Portugal. Dejando São Pedro de Moel hacia el sur, pase por el antiguo puerto de Paredes de Vitória y cruce las altas dunas blancas para llegar a Pataias. Después de Martingança, sigue una importante zona cementera en cuyo centro están Maceira y el Museo del Cemento. Retroceda un poco y, tomando la carretera que pasa por Maceirinha (EN 356), encontrará Batalha a pocos kilómetros. La villa que se desarrolló desde la fijación de los artífices que construyeron el monasterio, merece una visita. Pero, lo que clausura este paseo es la obra prima de la arquitectura gótica portuguesa clasificada como Patrimonio Mundial por la Unesco: el monasterio de Santa María de la Vitoria, mandado erigir en el siglo XIV por D. Juan I, para cumplir un voto hecho a la Virgen en conmemoración de la victoria sobre los ejércitos castellanos (1.385), en la célebre batalla de Aljubarrota. En sus talleres se formaron artesanos canteros que más tarde mostraron su maestría en los Jerónimos y en otros grandes monumentos nacionales. Por allí pasaron a lo largo de más de un siglo, desde 1.388 hasta principios del Quinientos, maestros como Afonso Domingues, el catalán Huguet, Martim Vasques, Mateus Fernandes, João Rodrigues y João de Arruda. En un primer tiempo se cree que fueron construidos la iglesia, el claustro principal, con la sala capitular, el comedor, las cocinas y los dormitorios de los frailes y la Capilla del Fundador. El Panteón de la Dinastía de Aviz fue construido entre 1.426 y 1.434 bajo una maravillosa bóveda, en forma de estrella de seis puntas. D. Duarte le añadió la rotonda por detrás de la cabecera, D. Alfonso V un claustro y con D. Juan II las obras quedaron paradas, aunque fueron retomadas por D. Manuel hasta el inicio de la construcción de los Jerónimos. La pieza más elocuente del conjunto es la iglesia, con sus 80 metros de largo, 22 de ancho y unos impresionantes 32 de altura, con un portal rodeado de figuras bíblicas y luz filtrada por los vitrales de las 66 ventanas, en el interior. El ex libris del monasterio son las Capillas Imperfectas, perfectísimas pero inacabadas. Fueron pensadas para panteón de D. Duarte y concebidas en 1.435 por Boitaca, aunque sean de decoración manuelina, se deben a Mateus Fernandes. Poseen un impresionante pórtico de acceso al patio interior, octogonal, hacia donde se abren las capillas radiales.

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