La Historia de Lisboa y el Fado



 

 

 

 

Ciudad bañada por el río Tajo y beneficiada por un clima verdaderamente  ameno, Lisboa tuvo un poblamiento muy remoto y fue habitada desde la Edad de la Piedra. Además, según cuenta la leyenda, Lisboa fue fundada por Ulises, héroe griego. El origen del topónimo procede de Olisipo, que era el nombre del poblado en 205 a.C. cuando fue tomado por los romanos. Estos, al darse cuenta de su enorme importancia estratégica, lo transformaron en municipio. Lisboa fue sucesivamente ocupada por los godos, los suevos, los visigodos y los sarracenos. El 24 de octubre de 1.147, y tras un cerco de 12 semanas, D. Alfonso Henríquez, primer Rey de Portugal, conquistó Lisboa a los moros. En 1.255, D. Alfonso III transfirió la capital del Reino de Portugal de Coimbra a Lisboa, lo que originó un gran crecimiento del comercio marítimo y un gran desarrollo de la ciudad a todos los niveles. El apogeo se dio en la primera mitad del siglo XVI, cuando, en virtud de la expansión ultramarina, Lisboa se convirtió, prácticamente, en el centro de Europa. Tras el terremoto de 1.755, que dejó la ciudad bastante destruida, se llevó a cabo un inmenso trabajo de reconstrucción, liderado por el Marqués de Pombal, que hizo nacer una nueva Lisboa. De ahí procede el término “Baixa Pombalina”, que aún hoy es usado para designar al corazón de la ciudad.

 

Lisboa es una ciudad llena de luz y de color, en la que las calles llenas de Historia se abren al río, y desde las siete colinas sobre las que se yergue, podemos observar elementos de su pasado como el emblemático castillo de San Jorge. Cada una de las zonas de la ciudad, los llamados “Bairros”, tiene características y atractivos muy particulares.

 

La zona de Belén, además de poseer espléndidos espacios verdes, conserva algunos de los más importantes edificios, museos y monumentos conmemorativos de los Descubrimientos, entre otros, como son el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belén, el Palacio de Belén, el Museo de los Coches (carrozas) y el Centro Cultural de Belén.

 Alfama es el barrio popular por excelencia, de casitas bajas, calles estrechas, callejones y callejuelas que, con ocasión de las Fiestas de los Santos Populares, en junio, se llenan de gente, de olor a sardinas, de pan con chorizo y del famoso “caldo verde”, la sopa más popular. El Barrio Alto es otra de las zonas antiguas de la ciudad, que conoció una evolución curiosa, pues de barrio poco recomendable pasó a ser el espacio de convivencia predilecto de los medios intelectuales y artísticos de Lisboa, con restaurantes de la moda, tiendas de estilistas famosos y modernas librerías. En la antes referida Baixa Pombalina encontramos, ya no tanto el centro de negocios de la ciudad, el cual se ha transferido a zonas más recientes - las llamadas Avenidas Novas – sino tiendas variadas, principalmente de moda. Desde la Baixa se puede bajar hasta la Plaza del Comercio, que es un espacio inmenso y abierto, vuelto hacia el Tajo.

 

 

Punto de encuentro entre diferentes pueblos y culturas, Lisboa conjuga armoniosamente la riqueza de su pasado histórico con los atractivos de una capital europea moderna y cosmopolita. Además de los ambientes más sofisticados, encontramos también la Lisboa más genuina, de los barrios antiguos y populares y, sobre todo, del Fado, esa manifestación mayor del  alma del pueblo  portugués, de sus anhelos y angustias, de sus esperanzas y alegrías. El Fado está presente en cada rincón de esa Lisboa antigua que es capaz de sorprendernos  cuando menos lo esperamos con sus estrechas calles, las macetas de flores en las ventanas, la ropa colgada y el río como telón de fondo.

 

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