La Madeira de las Alturas y de las Nubes

Un paseo en coche entre Funchal y el Pico do Areeiro, subiendo a los puntos más altos para disfrutar de las mejores vistas de la isla de Madeira.

Subiendo desde Funchal hasta el Monte (ver el recorrido 39), el viajero puede empezar ahora una nueva aventura, la de subir hasta uno de los puntos más altos de la isla, el Pico do Areeiro, a más de 1.800 metros de altitud. Subiendo hacia el norte, y pasando después por el Parque Ecológico de Funchal (por la entrada sur, en Ribeira das Cales), y por el mirador de Pico Alto (a 1.129 metros, con vista sobre Funchal), se llega a la localidad de Poiso (a 1.413 metros de altitud), en donde se puede comer para animar al turista (por ejemplo, en la tradicional e histórica Casa-Abrigo que, en el siglo XIX, protegía a los viajeros en invierno). Desde este lugar, una desviación en dirección noroeste, llevará al Pico do Areeiro, a 1.818 metros de altitud. Son cerca de ocho kilómetros de carretera, pero con muchas curvas y subidas escarpadas. A lo largo de este recorrido, se pueden contemplar los valles diseñados por los riachuelos que discurren hacia la costa norte. A medio camino, surge el famoso Chão da Lagoa, que es un altiplano con mucha tradición de campamentos y fiestas populares en verano. La poca vegetación local es el resultado del intenso pastoreo al que ha sido sometido el terreno. A pesar de ello, todavía se encuentran vestigios de la flora más antigua, como el brezo, las sorberás, las uvas-de-la-sierra. Antes del Pico, puede visitar también el Poço da Neve (altitud 1.633 metros), que es una pequeña, pero impresionante, construcción: un cilindro de albañilería de piedra, cubierto con una cúpula semiesférica. La construcción contenía, hasta unos cinco metros de profundidad, la nieve y el granizo que, por compactación, producían el hielo que se mantenía hasta el verano. Antes de la era de la electricidad, y del frigorífico, este era el proceso para obtener hielo que suministraba a los hoteles y hospitales de la ciudad - transportado por hombres a lo largo de las carreteras pedregosas. Por un camino estructurado llegamos a nuestro destino. En un día brumoso, como suele ser frecuente, la vista de Pico do Areeiro es fantástica, con las rocas volcánica muy nítidas, color castaño-anaranjado, y un fondo de neblina blanca en movimiento, por detrás de ellas. En días de buena visibilidad, sobresale el conjunto de los picos y montañas de la Cordillera Central (otros picos del sistema son: Pico Ruivo, 1.862 metros; Pico das Torres, 1.851 metros; más alejado, el Pico Grande, con 1.857). Abajo, al fondo, es la visión de la lejana ciudad, de la costa y de los pueblos minúsculos, lo que nos llama la atención.

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