La Travesía del Canal

Un paseo en barco que tarda menos de media hora y se hace por el agitado canal que separa las islas de Faial y de Pico. Un viaje que hizo célebre el escritor Vitorino Nemésio.

Protagonistas de «Mau Tempo no Canal» - obra-prima de Vitorino Nemésio y de la literatura portuguesa del Novecientos -, las revueltas zonas marítimas situadas entre las islas de Faial, Pico y San Jorge, dieron título al escenario para algunos de los episodios más emocionantes de la novela. El canal entre Horta y Madalena, aunque se hace habitualmente, con buena mar, en menos de media hora de forma agradable - corresponde a una zona de gran profundidad, situada en medio del Atlántico y, si le azotan corrientes y vientos intensos, puede ser fácilmente incluso peligroso y, por ese motivo, se puede prohibir la navegación regular. Salimos del muelle de Horta, en la costa oriental de Faial, en barcos de pequeña envergadura, aunque resistentes y maniobrables, adecuados a la travesía. El trayecto, en líneas regulares, se hace varias veces al día, a Madalena y de Madalena a Horta.

 

 

 

A la salida del muelle de Horta, sobresale la belleza de la pequeña ciudad, su cosmopolita puerto deportivo, la vieja fortaleza que, actualmente, está convertida en Parador (posada) y, en términos globales (aumentando a medida que el barco se aleja), tenemos la percepción de la calidad del paisaje urbano, con las fachadas de las iglesias muy iluminadas por el sol (si es una salida matutina), ladera arriba, envueltas en una luminosidad propia de Horta, y característica de las urbes atlánticas. El momento más importante del viaje empieza a la salida del muelle de protección y en el paso a plena altamar. Según el estado del océano, y de los vientos, tendremos que abandonar rápidamente el combés, o podremos permanecer en él para sentir (siempre bien agarrados) el placer del aire fino y cortante, el olor a sal, la visión de los delfines que, algunas veces, acompañan al barco. Es entonces cuando se empieza a imponer la presencia avasalladora del Pico, la gran montaña, que capta inexorablemente toda la atención del viajero. Y, gradualmente, a medida que nos aproximamos de Madalena, fijamos nuestra atención a la vista de los islotes, el Ilhéu em Pé y el Ilhéu Deitado - pequeñas aunque expresivas señales de la fuerza telúrica de la naturaleza que inventó esta montaña desmesurada, y que parece que vigilan la entrada a este pueblo de montaña.

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