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MADEIRA

Caleidoscopio natural

Las islas de Madeira y Porto Santo son dos manifestaciones de la originalidad de la naturaleza en el medio del océano. En Madeira, se mezclan altas montañas y densas florestas con jardines meticulosamente cuidados, túneles ingeniosos y teleféricos panorámicos. En Porto Santo el paisaje se allana y se extienden kilómetros de arenales dorados. La temperatura es otra aliada del éxito del turismo en el archipiélago: 23 grados de temperatura máxima y 15 de mínima durante todo el año en el aire; en cuanto al agua, su temperatura oscila entre los 22 grados en verano y los 18 en invierno.

 

Ciudad encantada

 

Nada más verla, es imposible no quedarse deslumbrados ante el encanto de Funchal. En forma de anfiteatro natural, la cosmopolita “capital” de Madeira se eleva a partir de la costa hasta cerca de 1.200 metros de altitud, enmarcada por el azul profundo del Atlántico y por una profusión de verde. Alrededor de la bahía de Funchal se sitúan algunos de los mejores hoteles del país y la gastronomía tradicional completa el proceso de conquista de los visitantes. El bolo do caco (preferentemente acabado de salir del horno y con mantequilla de ajo), las brochetas en palo de laurel, los pescados y los mariscos frescos, el maíz frito, las frutas exóticas y el vino de Madeira hacen de cualquier comida una fiesta.

 

Aquí, como en todos los lugares, no se pueden perder algunas experiencias cruciales: subirse en teleférico al Monte y bajar en carro de cesto; recorrerse la promenade del Lido, entre palmeras y jardines; sumergirse en las apetecibles aguas del complejo de veraneo de Ponta Gorda; comprar aves del paraíso, proteas y anturios en el Mercado de los Labradores; y admirar los fuegos artificiales en la bahía en las noches de agosto o en fin de año.

     
Isla de retazos

 

Un paseo por la isla de Madeira le mostrará los paisajes más variados que se pueda imaginar, así como, probablemente, las cuatros estaciones del año en un único día. Pruebe la poncha en Câmara de Lobos (una bebida hecha con zumo de limón, miel y aguardiente de caña de azúcar), visite un ingenio del azúcar en Calheta y suba hasta el cabo Girão, el promontorio más alto de Europa. Saboree pescado fresco en la Fajã dos Padres, a la orilla del mar, y una suculenta sopa de castañas en el interior volcánico de Curral das Freiras.   


     
Súbase por encima de las nubes en el Paul da Serra, en donde la nieve llega a cubrir el paisaje, casi lunar, en el pico del invierno y siga a pie por las levadas, rodeado de la Floresta Laurisilva, distinguida como Patrimonio Mundial Natural por la UNESCO. Las atractivas piscinas naturales de rocas volcánicas de Porto Moniz lo llevarán hacia el norte. Admire el salto de agua de Véu da Noiva, las Grutas de San Vicente y las casitas típicas de Santana. Ya en la costa Leste, pase por Machico, el primer lugar donde desembarcaron, en 1.419, Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira, descubridores oficiales de la isla de Madeira, y tráigase de recuerdo una pieza de mimbre de la parroquia de Camacha, en Santa Cruz.   


     

Isla dorada

 

Son nueve kilómetros de arenal dorado y fino, con reconocidas propiedades terapéuticas, bañado por un mar de temperatura agradable durante todo el año. Aquí existen recorridos pedestres y sobre ruedas para todos los gustos, tenis, golf y deportes náuticos a su disposición. Subirse al Pico do Facho y admirar la vista interminable del océano es un verdadero festín para los sentidos.

 

Cristóbal Colón pasó algún tiempo en la isla de Porto Santo. La casa donde vivió es ahora un museo etnográfico que se puede visitar en Vila Baleira, el corazón de la isla, por detrás de la iglesia mayor. Los tradicionales molinos de viento, las casas locales hechas con materiales autóctonos o las minas de calcáreo desactivadas son otros testimonios de la cultura de la isla.   


     
Islas Desiertas y Salvajes

 

El archipiélago abarca, además, dos otras islas que están deshabitadas, las Desiertas y las Salvajes, reservas protegidas que constituyen verdaderos santuarios naturales para algunas especies de fauna y flora rarísimas en el  planeta. Las Islas Desiertas están situadas a cerca de 22 millas al sudeste de la ciudad de Funchal y son una Reserva Biogenética, el último refugio atlántico, de la Foca Monje (Monachus monachus), la foca más rara del mundo. Las Islas Salvajes están formadas por dos grupos de pequeñas islas, la Salvaje Grande y la Salvaje Pequeña, que se localizan a cerca de 180 millas de la isla de Madeira. Estas integran también una Reserva Natural, compuesta por algunas de las especies florales más raras del planeta, además de estar consideradas como un "santuario ornitológico" debido a la nidificación de aves marinas en este lugar. 

 

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