Memorias Ferroviarias

Un pequeño viaje entre Entroncamento y la ciudad de Abrantes por ferrocarril, el substituto de las embarcaciones que solían recorrer el Tajo, la gran vía fluvial de todos los tiempos.

Entroncamento, ciudad ferroviaria, nació y se desarrolló en torno a los ferrocarriles, primero como astillero y después como encrucijada de las líneas que unen Lisboa a Oporto, Castelo Branco y España. Antes de iniciar el viaje, vale la pena ver los barrios de Estação y Camões - con casitas floridas y encajes en las ventanas y chimeneas -, pasearse por los jardines y admirar las antiguas locomotoras. Poco después de la salida del tren, en Vila Nova da Barquinha, se empieza a adivinar el Tajo, a la derecha. A continuación, surge el apeadero de Tancos y el polígono militar, construido en 1.866. Aquí se entrenó, en 1.916, al Cuerpo Expedicionario Portugués, antes de ser enviado a Flandes. Este es el motivo por el cual la estación a menudo está repleta de soldados. Esté atento. Como por encanto, surge de repente la primera sorpresa del viaje: en una isla, a veces por entre niebla, se levanta el castillo de Almourol. La marcha del tren permite apreciar las torres y las murallas de esta defensa templaria, erigida sobre un afloramiento granítico en medio del río Tajo, en un escenario de ensueño. Un poco antes de Constância, allí en donde el Zêzere se une al Tajo, el tren cambia de orilla, lo que permite contemplar las casas floridas de la tierra donde confluyen los ríos Zêzere y Tajo, y donde vivió Camões. Un poco después se avista Abrantes, en la otra orilla. La ciudad surge abierta en anfiteatro, coronada por el castillo que dominaba el Tajo y las carreteras hacia Lisboa. Conocida como «ciudad florida», organiza en mayo, con ocasión de las fiestas de la ciudad, el concurso de las «Calles Floridas». Junto al puente, los vestigios del puerto fluvial evocan el tiempo en que el Tajo era navegable hasta Portas de Ródão.

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