Portugal plasmado en un néctar

Conozca mejor este inmenso país. Viaje a través de la historia de sus vinos.

 

De norte a sur, pasando por las islas que reposan en el Atlántico, Portugal es internacionalmente reconocido por sus excelentes vinos. Salga a descubrir los paisajes donde nacen estos deliciosos caldos. Verdaderos escenarios verdes y azules que unen la viña con el río, con el mar o con la sierra, y quedará deslumbrado y con ganas de quedarse allí.

 

Desde los blancos a los tintos, pasando por los espumantes y licorosos, la tradición vinícola portuguesa se remonta a la ocupación romana del territorio. Las características únicas de nuestros suelos, el clima propio de cada región, la multiplicidad de castas y el saber de varias generaciones, transmiten al vino nacional una paleta de tonalidades, aromas y paladares inigualables.

 

De la bodega del productor a la mesa del restaurante más exigente, este tesoro de nuestra cultura se halla presente en todas las esferas de la sociedad. Y en los últimos años, la generalización de esta pasión entre el cada vez mayor número de apreciadores, ha creado una nueva forma de visitar el país: a través de sus vinos. El ecoturismo ya está, hoy día, incluido en los programas de vacaciones y escapadas de muchos portugueses. Si no lo ha probado todavía, ¡atrévase a hacerlo! Elija una región vitivinícola portuguesa y embréñese en este fascinante universo. Siga los métodos de tratamiento de las viñas, participe en las vendimias y visite las bodegas en las que fermenta, envejece y se embotella el famoso líquido. Tome sus comidas en una finca, inscríbase en un curso de catas y, al final del día, relájese en una acogedora casa rural con vistas al campo. La oferta es muy vasta. La dificultad está en la elección.

 

Desde la montaña hasta el océano

 

En un país no muy grande como Portugal, el mundo del vino es inmenso. Son once las regiones vitivinícolas nacionales: Minho, Trás-os-Montes, Douro, Beiras, Lisboa, Tejo, Terras do Sado, Alentejo, Algarve, Madeira y Azores.

 

Pruebe, por ejemplo, los vinos verdes del Miño, donde los verdes campos son entrecortados por ríos y riachuelos. Algunos dicen que su designación se debe, precisamente, a la riqueza de la vegetación de esta zona. Descubra los magníficos rincones del Parque Nacional de Peneda-Gerês y, a mitad del recorrido, pruebe una copa de Alvarinho muy fresco, que muchos consideran ser el mejor de los verdes.

 

Justo al lado, Trás-os-Montes tiene también una denominación de origen para sus néctares. Ponga rumbo al sur y no se pierda la histórica región vitivinícola del Duero, la primera región demarcada del mundo. Aquí, los viñedos está dispuestos en bancales desde lo alto de los profundos valles hasta las orillas del río, en un paisaje de inigualable belleza que ha merecido el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Además del más famoso de los néctares portugueses - el Vino de Oporto - se producen también en el Duero muchos de los grandes tintos y blancos nacionales.



Un poco más abajo, Beira Alta ofrece con distinción los néctares del Dão, una región montañosa donde las viñas están protegidas de los vientos más agrestes por el conjunto de las sierras de Caramulo, Montemuro, Buçaco y Estrela. Circundando la más reconocida región de Beiras, tres denominaciones de origen producen los demás vinos de esta zona del país: Beira Interior, Távora-Varosa y Lafões.

 

La zona de Bairrada es conocida, principalmente, por sus espumantes. Pruébelos para acompañar el cochinillo asado, tradición gastronómica indispensable en cualquier restaurante local.

 

Al sur e islas

 

Continuando en dirección sur, un paseo por el Ribatejo nos muestra paisajes de viñedos seculares, cuya fama es anterior a la fundación de la nacionalidad. El mismo D. Alfonso Henríquez hizo referencia a sus vinos en el foral concedido a Santarém, en 1.170. Más tarde, durante los siglos XIV y XV, varios monarcas portugueses protegieron los vinos de esta zona, que ya fue famosa por el hecho de producir enormes cantidades de vino que abastecían, principalmente, los restaurantes y tabernas de Lisboa.

 

También la capital se halla rodeada de una región vinícola que abarca nueve denominaciones, de las que destacamos Colares, con sus viñas protegidas con palizadas de estacas, dándole un aspecto muy especial a este paisaje vinícola.

 

También es muy particular la producción de Lourinhã, donde la vitivinicultura ha estado siempre ligada a la obtención de aguardientes, puesto que aquí se alimentó, a lo largo de los siglos, el beneficio (aguardientación) del Vino de Oporto). Esta región demarcada fue reconocida con el objeto de preservar y producir aguardientes viejos de alta calidad, siendo la única del país y una de las tres zonas de Denominación de Origen Controlada (DOC) del mundo, a la par con Armagnac y Cognac, en Francia.



La Península de Setúbal conjuga maravillosamente la sierra de Arrábida, el río Sado y el mar que baña Troya y Sesimbra. Aquí se produce el licoroso Moscatel. No deje de atravesar la planicie alentejana, donde el horizonte se extiende hasta muy lejos y el cielo parece mayor. Aquí son muchas las bodegas que abren sus puertas y revelan los secretos de una de las mayores regiones vitivinícolas de Portugal. Finalmente, en el Algarve, cuatro denominaciones hacen que se mantenga la producción de néctares en esta región en la que existe una fuerte tradición vitivinícola desde la ocupación romana.

 

Las islas no quedan fuera de nuestro mapa vitivinícola en el que, además, ocupan una destacada posición. En Madeira, el cultivo de la viña lo introdujo el Infante D. Enrique que mandó traer de Grecia las cepas Malvasia. Desde entonces, dicha casta se usa para producir el famoso vino generoso de Madeira, que empezó a ser exportado a todo el mundo en el siglo XVIII. En las Azores, se reconoce la calidad de los vinos de la isla Graciosa y, sobre todo, el "verdelho" de Pico, un licoroso que se hizo famoso por su calidad en los siglos XVII y XVIII y, más recientemente, por sus castas plantadas en hendiduras del basalto, protegidas por muros de piedra volcánica, que conforman un paisaje único, clasificado en 2.004 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

De Trás-os-Montes al Algarbe, sin olvidar las islas, la viña va rellenando de esa forma el paisaje. En la mesa, el fruto de esta tradición secular proporciona placeres inestimables. Elija una región y acérquese a ella. Sienta el terruño que les da vida.

 

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