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Salinas de Río Maior
Porto de Mós
Santuário de Fátima

LISBOA

Un río a camino del Atlántico, una ciudad abierta al mundo

Leiria - Fátima Templários oeste

La región que envuelve la capital portuguesa y se extiende aguas arriba, a lo largo del Tajo, está llena de secretos, de lugares de interés y de Historia. Es una constelación en donde brilla el verde de la sierra de Sintra, el azul del Tajo, el blanco de los pueblos saloios y el gris del convento de Mafra.

 

Cuando, en 1.147, el cruzado Osberno llegó al estuario del Tajo, se quedó maravillado ante aquel río, hecho – decía él  – de dos tercios de agua y un tercio de pescado. También le impresionó la belleza de la ciudad, protegida por altas murallas en la cima de las colinas que, durante meses, desafiarían el esfuerzo  conjunto de los guerreros de D. Alfonso Henríquez y de la flota franca que demandaba la Tierra Santa. En este relato, que ha llegado a nuestros días, se dice lo esencial sobre Lisboa y la región que la envuelve: las colinas, la relación con el río y la naturaleza circundante. Le faltó, quizás, hablar de la luz, esa luminosidad blanca, reflejada en las paredes de las casas, espejada en las aguas del Tajo, que tanto ha impresionado a cineastas como Alan Tanner o Wim Wenders.

 

Diversidad de paisajes

 

La capital portuguesa consigue ese prodigio que es el ser un pedazo de Mediterráneo trasladado al Atlántico. Inmediatamente hacia el sur, en las orillas del estuario del Sado, la sierra de Arrábida es verdaderamente mediterránea, con una vegetación de sabinas y madroños que no desentonaría en la Córcega, y playas de arena blanca y agua cristalina dignas de los archipiélagos griegos. Pero, a lo largo del norte de Lisboa, el cabo de la Roca, «en donde la tierra acaba y el mar empieza», pone en evidencia la naturaleza atlántica de la región. Y aún más al norte, nos sorprende un laberinto de colinas y viñedos que se extiende en dirección a Torrres Vedras en donde, en 1.810, se perdió la III Invasión Francesa y uno de los mejores generales de Napoleón.

 

En tranvía o cacilheiro

 

En un rayo de 50 Km. alrededor de la capital portuguesa, todos los ambientes y paisajes son posibles. Desde los interminables arenales de Caparica hasta los altos acantilados del cabo Espichel. Desde el ambiente cosmopolita del centro de la ciudad al verde romántico de Sintra, Patrimonio de la Humanidad. Y desde la grandeza monumental del convento de Mafra, que inspiró al premio Nobel de Literatura, José Saramago, hasta los pequeños pueblos, prodigios de la arquitectura popular, como son Azenhas do Mar o Cheleiros.

 

Lisboa consigue esa cosa extraordinaria que es tener cercanos, a tan sólo media hora de viaje en coche, interminables arenales, como los de Caparica, o una verdísima sierra, como es la de Sintra, además de zonas naturales en donde reina una tranquilidad paradisíaca, desde la laguna de Albufeira al cabo Espichel, contrapuestas a la animación cosmopolita de la zona de las Docas, de la Avenida 24 de Julio o del Barrio Alto. Para visitar algunas de estas joyas del paisaje y del patrimonio, lo ideal es elegir los medios de transporte tradicionales, como son los tranvías, tanto los de Lisboa, como el menos conocido que une Sintra a Praia das Maçãs. Tampoco se pueden olvidar los barcos cacilheiros, que unen las zonas ribereñas de la capital a Almada, al otro lado del río, o incluso el tren, que pasa por el tablero inferior del elegante puente suspendido que, desde 1.965, une las dos orillas del Tajo.

 

Áreas protegidas y otras riquezas

 

Cruzando Portugal en toda su anchura, desde las proximidades de Vila Velha de Ródão hasta Lisboa, el Tajo ha modelado el paisaje, ha unido las comunidades ribereñas y funciona como referente de una amplia región cuyos principales centros son Abrantes, Tomar, Santarém y, naturalmente, Lisboa.

 

Geográficamente hablando, no existen grandes sierras en el norte o en las Beiras. Se trata de un territorio relativamente plano y en el que los grandes desniveles son excepcionales y justamente por ello corresponden en su casi totalidad a áreas protegidas, como ocurre con el Parque Natural de Sintra-Cascais, el Parque Natural de la Sierra de Arrábida y el Área de Paisaje Protegido del Peñasco (Arriba) Fósil de Caparica. A ellas se suman las Reservas Naturales de los Estuarios del Tajo y del Sado, correspondientes a importantes humedales.

 

De las demás ciudades, cabe destacar que Santarém está considerada como la capital de lo gótico. Tomar posee el castillo templario y el convento de Cristo, Patrimonio de la Humanidad. Abrantes es un verdadero belén asomado sobre el Tajo y Setúbal tiene cercano al Sado, que es su principal plusvalía. En lo que a playas se refiere, no se deben perder las de Ericeira, Costa da Caparica o Sesimbra, ni tampoco la histórica Costa de Estoril, que encantó a aristócratas y banqueros durante la primera mitad del siglo XX. La región de Lisboa y Valle del Tajo integra, además, los polos turísticos de Leiria-Fátima y del Oeste.

 

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