Sugerencias en la región 7 Regiones RIBATEJO
Palhota, aldea de pescadores del Tajo
Rosácea da Iglesia de Graça, Santarém
Polje de Mira Minde, Alcanena
Parque Natural de las Sierras de Aire e Candeeiros
Río Tejo y Puente D. Luís
Vista desde la Ermita de Nossa Senhora do Pranto, Chamusca
Jardín-Horto de Camões, Constância Vila-poema
Caballos en la dehesa ribatejana
Vista sobre la villa de Coruche y el río Sorraia

RIBATEJO

Un paisaje modelado por el Tajo

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Entre Golegã y Azambuja, el Tajo atraviesa las fértiles marismas ribatejanas. Es un lugar con condiciones muy favorables a la agricultura y en los prados ribereños corren caballos y toros, vigilados por los infatigables campinos (guardadores de toros). El Ribatejo es, por ello, un centro de caballerizas y ganaderías que se dedica a la cría de caballos y toros para la Fiesta Brava. Todo ello es exaltado en la Feria del Caballo, en Golegã, realizada anualmente con ocasión de las celebraciones de San Martín.

 

A nivel patrimonial, el visitante tiene mucho por donde escoger. Desde la Casa de Camões, en Constância, hasta la Casa dos Patudos, en Alpiarça. Después, está Santarém, la capital de lo gótico, con toda su riqueza monumental, reflejada en innumerables iglesias, y el inolvidable balcón de Portas do Sol, que se abre sobre las marismas. Pero la riqueza histórica de este lugar se extiende también a estaciones arqueológicas, castros de la Edad del Cobre, acueductos y puentes romanos, iglesias, monasterios y castillos medievales.

 

La gastronomía es de las más originales del país. De la necesidad sencilla de los campinos nació el torricado, pan tostado y untado con aceite y ajo, que acompaña el bacalao al horno o la carne. Pero por aquí también se degustan migas de pan de maíz mezcladas con grelos o nabos, la conocida sopa de la piedra, en Almeirim, el carnero a la moda de Alpiarça, el cocido de carnes bravas, la sopa de cachola (menudos de cerdo), la caldereta a la Fragatero, la açorda (sopa de ajo) de sábalo y el ensopado (guisado de sopas) de anguilas. A no perder tampoco los sugestivos dulces: los celestes, los arrepiados de Almoster, los queijinhos do céu, las tigeladas, las delicias de patata y las boronas de piñón y miel.

 

Paul do Boquilobo, cerca de Golegã, clasificado como reserva natural y hábitat de las garzas blancas o de las garcillas bueyeras, es una de las zonas de nidificación de aves acuáticas más ricas del país. De todas formas, todos los paisajes de la orilla del Tajo merecen una referencia especial, incluyendo los antiguos pueblos pesqueros, que aún conservan sus originales casas de madera sobre pilares a causa de las inundaciones, como Palhota y Escaroupim, o pueblos protegidos de las inundaciones del Tajo por murallas de piedra, como son Valada do Ribatejo, Reguengo o Porto de Muge. Un poco de este paisaje, aunque idealizado, se puede ver en los azulejos que decoran las estaciones de Azambuja y Santarém.

 

Pero fue el valle de Santarém el que encantó al escritor ochocentista Almeida Garret, que lo describió, en los “Viajes en Mi Tierra”, como uno de esos "lugares privilegiados por la naturaleza, (…) en el que las plantas, el aire, la situación, todo se halla en una armonía suavísima y perfecta: no hay allí nada de grandioso ni de sublime, pero es como si hubiera una simetría de colores, de sonidos, de disposición en todo lo que se ve y se siente, que hace parecer que la paz, la salud, la tranquilidad del espíritu y el reposo del corazón seguramente viven allí, reinan allí un reinado de amor y benevolencia”.

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