Una Vuelta por Barroso

Un paseo que se podrá ampliar a dos días, entre el encanto de las termas y el de las aldeas perdidas en el tiempo, en medio de sierras y lagunas.

Empiece este paseo por una de las más elegantes termas de Portugal: las de Vidago. Su reapertura se hizo a finales del 2.008, tras una profunda remodelación, merece la pena conocer el amplio parque termal. Existen dos recorridos señalados, uno de los cuales es un poco más largo y pasa por un mirador desde el que se puede contemplar la vista general de las termas, del hotel y del pueblo. El otro es más corto y no tiene casi ninguna subida ni bajada, pasa por los principales puntos del parque, incluyendo las tres fuentes principales y el balneario. Si los trenes antiguos tocan su corazón, no deje de ver la antigua estación de trenes, en la calle principal que atraviesa el pueblo, cerca del Palace Hotel, y recorra andando, en una relajante caminata, un tramo de cerca de 1,5 Km. hasta el antiguo apeadero de Campilho. Hacia el sur, a cerca de 20 Km., se halla la plataforma (andén) de la antigua Línea de Corgo, transformada en carril bici en un tramo de seis kilómetros, hasta el momento, entre Vila Pouca de Aguiar y Pedras Salgadas, aunque está prevista la prolongación al sur hasta Vila Real y, al norte, hasta la frontera, para asegurar el enlace a la red española de "Rutas Verdes", cuyo recorrido es de 33 Km. Enseguida, ponga rumbo a Chaves para ver el puente romano que todavía se usa, muchos siglos después de su construcción, así como las termas en las que brotan las aguas más calientes de Europa. En el casco histórico, visite los restos del castillo medieval con la Torre del Homenaje. Al ser la vega de Chaves uno de los puntos del territorio portugués más expuestos a una invasión, tras la Restauración se edificaron aquí dos fuertes: el de San Francisco (que es ahora un Hotel de Encanto), y el de San Neutel. No se marche de Chaves sin probar los famosos pasteles de carne, ni los embutidos locales. Si le gusta la arquitectura militar, puede ver también, más al este, en la carretera que va a Vinhais, el castillo de Monforte do Rio Livre, con un bello panorama de la vega. Desde Chaves y coja la carretera que va a Boticas, para preparar la incursión en tierras de Barroso. Cerca de 7 Km. después de pasar la ciudad y en un punto en el que la EN103 ladea el río Tâmega, verá a su izquierda la antigua estación del Tâmega (que es actualmente una vivienda particular) y, cerca de 1 Km. más adelante, un robusto puente de piedra por donde llegaba el tren procedente de Vidago. Desde Boticas prosiga en dirección a Salto por una carretera bastante bien renovada y con buenos panoramas (EN311). Haga una pequeña desviación a su izquierda para visitar las Termas de Carvalhelhos, así como el castro de la Edad del Hierro que está cerca, desde cuya cima puede disfrutar de buenas vistas. Vuelva a la carretera y siga con cuidado para no perder la desviación a la izquierda, hacia Covas do Barroso. Es una aldea muy interesante que cuenta aún con algunos equipamientos comunitarios como el horno y los lavaderos, así como una extraordinaria iglesia románica que vale la pena apreciar junto a la residencia parroquial. Vuelva hacia atrás y coja la desviación hacia Alturas do Barroso y Vilarinho, otras dos aldeas de obligada visita. La primera tiene un pequeño museo rural y una curiosa iglesia que todavía tiene tumbas visibles en el atrio, mientras que la segunda parece un verdadero compendio de arquitectura popular. Continúe en dirección a Montalegre, pasando junto al embalse del Alto Rabagão (Pisões) y siguiendo por la EN103 hasta la desviación, a su izquierda, para Montalegre. En esta ciudad no deje de visitar el castillo medieval, que todavía tiene varios elementos bien conservados, como la Torre del Homenaje y algunos lienzos de muralla. Si lo desea, puede completar este paseo al día siguiente con una pequeña incursión a la orla oriental del Parque Nacional da Peneda-Gerês. Salga de Montalegre hacia el sur, en dirección a Braga, por la EN308, girando en Covelães hacia Pitões das Júnias y Tourém. Son aldeas comunitarias muy antiguas y por ese hecho se merecen una desviación para ver, en Pitões, los restos de la abadía cisterciense de Santa Maria das Júnias (siglo XI), junto a un tramo de río paradisíaco con cascadas aguas abajo.

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